Un cambio de comportamiento

Por Ignacio Aravena, colaborador P!ensa

Master of Urban Planning NYU

Considerar el comportamiento en el diseño de políticas públicas puede ayudar a prevenir rebrotes en las próximas fases del Plan Paso a Paso y del inminente 18 de septiembre que viene. Un ejemplo es el efecto de las mascarillas y el sentido de protección que entregan, haciendo creer que es más difícil contagiarse dado que disminuyen el contacto con el virus. Si bien, lo anterior es cierto, la sensación de confianza también puede inducir a que la gente no respete el distanciamiento social, se lave las manos menos seguido e incluso que salga más, reduciendo su efectividad y contrarrestando sus efectos positivos; ello aumenta si es que éstas no cubren adecuadamente boca y nariz, como muchos hemos presenciado en las calles del país. En este caso, el aumento de contagios no se debería a malas decisiones públicas, sino al comportamiento humano.

Dado que una estrategia de imposición y control absoluto es prácticamente imposible -como la fiscalización casa a casa para fiestas patrias y el máximo de cinco personas por hogar-, una alternativa para lidiar con las masas es diseñar herramientas que incentiven cambios en el comportamiento -lo que se conoce como nudge-. Un caso exitoso es la campaña comunicacional desarrollada en Nueva York para enfrentar la pandemia, donde el enfoque del mensaje -mancomunado por autoridades incluso de oposición- fue unir a la ciudadanía y explicar el efecto negativo de no ser responsables. La campaña incluyó afiches que invitaban a ser cool y usar bien la mascarilla, dando consejos de moda y sensibilizando en cómo usarla mal puede afectar al resto. Esto generó un cambio en la gente, permitiendo evolucionar de ser una de las ciudades más devastadas por la pandemia a ser una de las que está en fases más avanzadas de reapertura; dicha estrategia ha comenzado a reproducirse en Europa también.

Nuestra realidad es un claro contraste de lo anterior, donde hemos visto reaperturas de centros urbanos con aglomeraciones sin respetar normas de distanciamiento social. Ello es consistente con lo expuesto en la encuesta Cadem de junio, donde más del 80% de los encuestados chilenos indicaban no tomar suficientemente en serio el virus; similarmente, en el Termómetro Social se indica que, aproximadamente una de cada dos personas, percibe que el resto no sigue adecuadamente las indicaciones sanitarias. Si a ello sumamos la desconfianza política -respaldada por ambas encuestas- podemos asumir que los mensajes públicos no percolan efectivamente en la sociedad -algo que se refleja en las más de dos mil infracciones diarias a la cuarentena y las fiestas clandestinas realizadas en diversas zonas del país-.

Para Cass Sunstein, experto en comportamiento y el diseño de nudges de la Universidad de Harvard, un mensaje bien diseñado que penetre en a la sociedad es clave para enfrentar tiempos adversos. Dentro de sus recomendaciones, la emotividad y la esperanza son elementales, siendo más efectivas que la obligación y el miedo, las que sumándose a la cooperación entre diversos agentes de la sociedad permiten diseñar políticas que se adecúen a la realidad cultural de cada territorio. Como resultado, ellas pueden lograr que la población adquiera consciencia de sus acciones y cambie voluntariamente su comportamiento, actuando en torno a metas y objetivos sociales – lo cual es más complejo de lograr en discusiones técnicas sobre metodologías y modelos-. Cabe destacar que esto constituye un desafío para nuestras autoridades, producto del escenario social y político que estamos viviendo.

Finalmente, una pregunta que nos queda pendiente es cómo poder diseñar incentivos que cambien el comportamiento actual y fortalezcan nuestra cohesión, en vez de actuar bajo el castigo y el miedo. La respuesta no es trivial, pero si hay algunos lineamientos claros, como lo es contar con liderazgos cooperativos con foco en la pandemia, que entiendan y pongan a la población como un agente clave y no sólo discutiendo sobre medidas y modelos, que poco penetran en mensajes masivos. Claramente, en un ambiente de discursos populistas, que separan a buenos de malos, esta tarea es difícil – más aún si algunos promueven no escuchar a expertos y demonizan a la oposición por cálculos políticos-. Los riesgos de una ola siempre estarán presentes hasta que no contemos con una vacuna, necesitamos cambiar de comportamiento, incluyendo autoridades, pero por suerte, estamos a tiempo.

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 18 de septiembre de 2020