Un parque para Las Salinas

Por Ignacio Aravena

Investigador asociado Fundación P!ensa y Ms. Urban Planning, NYU

La discusión sobre el uso del paño Las Salinas ha vuelto a la palestra debido a la incredulidad del gobernador regional respecto a la efectividad de la biorremediación como método para remover la contaminación del terreno. A pesar del apoyo comunitario -y político- que se orienta hacia la construcción de un parque, en desmedro del proyecto que propone la inmobiliaria, me parece pertinente que nos preguntemos si esta última alternativa es realmente viable.

Primero que todo, es importante destacar que la técnica de biorremediación propuesta no responde a una arbitrariedad por parte de la inmobiliaria. El proceso cuenta con respaldo científico comparado y ha sido empleado con éxito en la recuperación de suelos contaminados en Alemania, Francia y Estados Unidos, por nombrar algunos ejemplos. Asimismo, éste ha sido validado por académicos de diversas universidades, tales como la UTFSM y la PUCV, quienes indican que su implementación no tendría consecuencias para la salud humana. Por lo tanto, sería conveniente que cualquier crítica a la técnica escogida tuviese mayor peso que la mera intuición, pues esta arista del proyecto es científica y debiese primar la evidencia empírica.

Dicho lo anterior, el problema político de fondo es que, independiente del uso que se le dé al paño, la descontaminación es un paso obligatorio y bastante caro. De hecho, si la autoridad quisiera expropiar el terreno y sanearlo para construir un parque, el costo total de la operación superaría los 100 millones de dólares. Estamos hablando de una suma que excede el presupuesto anual del Fondo Nacional de Desarrollo Regional para toda la región de Valparaíso. A ello se debe sumar el déficit municipal de la ciudad jardín, que ronda los 17 mil millones de pesos. En resumen, pretender que sea el municipio de Viña, o la gobernación regional, quien se haga cargo exclusivamente del asunto, es un sinsentido.

Dado el costo de oportunidad, debemos cuestionarnos si la construcción del parque es la mejor opción. Las Salinas, a pesar de ser una zona céntrica, está conectada solamente por la costa y no cuenta con acceso directo desde los cerros. Por lo tanto, los principales beneficiarios serían los residentes inmediatos que ya cuentan con acceso al borde costero y áreas verdes como plazas y la Quinta Vergara; ello difiere a la realidad de los cerros, donde la cantidad y calidad de áreas verdes y esparcimiento es muy inferior. En otras palabras, la construcción de un parque en Las Salinas aumentaría las diferencias entre los habitantes del plan y de las zonas periféricas de la ciudad.

Teniendo en consideración estos factores, parece ser que la mejor opción para la comuna oscila entre las pretensiones de la inmobiliaria y las de sus detractores. Un proyecto residencial responsable, que incorpore áreas verdes y permita conectar a los habitantes de Santa Inés con el borde costero, no sólo aumentaría el valor de esa zona, sino que además, permitiría a la municipalidad reinvertir los ingresos asociados a Permisos de Edificación y contribuciones para renovar, mejorar y construir nuevas áreas verdes en los cerros, donde el déficit es mayor y donde su impacto incide incluso en la prevención situacional del delito y el narcotráfico.

Cualquiera que sea el caso, es importante que los actores se sienten a conversar, entiendan la importancia de la colaboración público-privada y recojan la opinión de los vecinos, pero en base a propuestas viables y no a promesas imposibles de cumplir. Un proyecto de esta escala se construye en torno al diálogo y al diseño participativo para buscar el mayor beneficio de la ciudad. De lo contrario, la zona continuará abandonada y se dejará pasar una oportunidad única de ejecutar un proyecto interesante para la comunidad viñamarina, todo por culpa de la intransigencia de unos pocos.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 27 de agosto de 2021