Un plan para recuperar Valparaíso

Por Ignacio Aravena

Investigador asociado Fundación P!ensa, Ms. Urban Planning, NYU

La preocupación por la crisis de Valparaíso es transversal. La otrora Joya del Pacífico enfrenta problemas sistémicos, sugiriendo que cualquier acción aislada será absorbida por la inercia actual. La construcción de consensos y de una visión a largo plazo con nuevos paradigmas urbanos será fundamental, aunque para ello se requiere de un diagnóstico que grafique con claridad las falencias que enfrenta la ciudad y que sirva de insumo para articular un plan hacia el futuro.

En este contexto, una radiografía urbana publicada recientemente por la Fundación P!ensa nos revela que el declive porteño se asocia a múltiples dimensiones. Junto con los desafíos en materia económica y de generación de empleos, Valparaíso enfrenta problemas en vivienda, seguridad, bienes públicos y transporte. A modo ejemplar, el crecimiento poblacional de la ciudad puerto ha sido bajo y el comercio se ha desplazado hacia otras localidades, como el sector de El Salto o Concón. Esto pugna con la idea de una capital regional, las cuales se caracterizan por atraer personas y empleos en el tiempo.

Es un hecho notorio que uno de los principales desafíos de Valparaíso consiste en reactivar su economía. Para lograrlo, es necesario diversificar la matriz productiva y así disminuir la dependencia de la actividad portuaria, que ha perdido su competitividad en el tiempo. La evidencia empírica demuestra que las ciudades dedicadas a las actividades industriales son menos prósperas que aquellas más diversas y volcadas a la provisión de servicios. Afortunadamente, la ciudad cuenta con un alto potencial gracias a su clima, patrimonio, cultura y presencia de universidades de primer nivel. Estos elementos son catalizadores de bienestar puesto que incentivan la innovación, atraen población diversa y fomentan el desarrollo local.

Sin embargo, y a pesar de que Valparaíso cuenta con una amplia oferta educacional y turística, la fuga de empresas y personas es fuerte. Y ello no se debe sólo a la falta de desarrollo económico, sino que a la carencia de atributos urbanos que proyectan calidad de vida. Por un lado, los cerros sufren de hacinamiento e inmuebles en malas condiciones, además de falta de espacios e infraestructura y frecuencia del transporte público; por otro lado, el centro está despoblado, con altos índices de delincuencia y con déficit de comercio y servicios. Para atacar estos flagelos, es necesario densificar equilibradamente el centro y dotarlo de usos mixtos, buscando reactivar zonas como el Almendral y el Barrio Puerto, buscando generar polos de desarrollo. Asimismo, se debe mejorar el equipamiento en los cerros, siendo la Avenida Alemania un eje importante a potenciar en torno al transporte y comercio de menor escala.

Junto a lo anterior, es clave que diversos grupos de interés planifiquen mancomunadamente las próximas décadas de la ciudad. Es cierto que se requieren acciones prontas, pero si no se desarrolla un plan a largo plazo será difícil revertir la tendencia de las últimas décadas. Por lo mismo, es recomendable la creación de un consorcio -representando por organizaciones sociales, empresas, la academia y el sector público- que vele por una agenda que no dependa exclusivamente de los gobiernos locales de turno.

Todo lo anterior involucra un cambio de paradigma frente al desarrollo local, con ejes hacia la diversidad económica y mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes por sobre la producción industrial. La literatura es robusta en este tema: ciudades que apostaron por la concentración económica en vez del desarrollo urbano, como Detroit en EE.UU., hoy sufren del éxodo de su población; mientras que puertos como Nueva York, Londres y Singapur prosperaron gracias a planes comprehensivos y a largo plazo, complementando la actividad portuaria con la provisión de servicios, educación y entretención para atraer turistas y residentes.

La tarea y el puntapié inicial son difíciles, puesto que además de requerir celeridad también involucra la generación de encuentros entre diversos actores sociales -con intereses diversos- que logren consensuar una visión compartida de ciudad. Poco servirá habilitar o restaurar edificios si es que las industrias y los trabajadores no son atraídos; de la misma manera, tampoco sería útil que lleguen empresas que no generen valor al territorio y que sean mal percibidas por los residentes. Si se avanza en un proyecto común, Valparaíso podrá sumarse a la lista de ciudades portuarias que lograron superar períodos de crisis, de lo contrario, estaremos viviendo el principio del fin. Esperemos que prevalezca lo primero.

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 19 de septiembre de 2021