“Una democracia diferente”

Maximiliano Duarte

Investigador Fundación P!ensa

Probablemente varios consideran que la democracia representativa está en crisis. De hecho, en diversas partes del mundo se advierte un decaimiento en los principales indicadores democráticos, como la participación electoral, la militancia partidista, la confianza en las autoridades y el interés en la política. El académico de la universidad de Bristol, Simon Tormey, aporta un dato lapidario que grafica muy bien este asunto: si en 1960 era común que en algunas democracias avanzadas al menos un 30% de los votantes participaran de los partidos políticos, hoy esa cifra es incluso menor a un 1%.

Sin perjuicio de lo anterior, algunos intelectuales -incluyendo al mismo Tormey- creen que los pesimistas no estarían viendo la película completa. Las democracias, bajo esta otra mirada, no estarían realmente bajo amenaza, sino que, por el contrario, estarían más vivas que nunca debido a su capacidad de autorreproducirse a pesar de las dificultades. Uno de los hechos que mejor ejemplificaría esta paradoja es la opinión de los propios ciudadanos, quienes, si bien manifiestan un alto grado de desconfianza hacia los políticos, aun así, respaldan mayoritariamente esta forma de gobierno cuando se les consulta directamente sobre este punto. En definitiva, lo que estaríamos presenciando sería más bien una transición hacia una especie de democracia “post-representativa”, en la que los representados reniegan de sus representantes sin la pretensión de transformar la democracia como tal, y donde la apatía es compensada por la articulación de instancias horizontales dirigidas al activismo de causas específicas. Una suerte de matrimonio por conveniencia entre gobernantes y gobernados en el que estos últimos estarían cómodos en la disputa informal del poder.

Esta tesis parece plausible a raíz de los resultados del último Estudio de Opinión Política de la Fundación P!ensa. De acuerdo a este, el Congreso es la institución que menos confianza inspira (12%), los partidos políticos están en el último lugar del ranking de entidades asociadas a probidad (5%) y sólo un 36% de los encuestados declara estar interesados en la política. Síntomas claros de decadencia en dos de los cuatro indicadores democráticos. Pese a ello, un 62% de los respondientes está de acuerdo en que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, mientras que más de la mitad ha participado alguna vez en una marcha, un cacerolazo o alguna actividad solidaria o de voluntariado. Hay, en definitiva, un mosqueo con todo lo que rodea a la política partidista. Tal es el desprecio que genera el término “política” que los encuestados parecen no tener problemas con su ejercicio en la medida en que no aparezca revestido de aquel.

En este escenario, ¿qué se puede hacer para reivindicar una actividad tan fundamental pero que ha venido a menos? Puede que la respuesta a esa pregunta también esté siendo sugerida por los habitantes de nuestra región. Y es que, al revisar los datos en los apartados de cercanía y nivel de corrupción, estos muestran que a menor escala territorial mayor es la cercanía y probidad asociada, destacándose el rol de las juntas de vecinos y municipalidades. Por lo mismo, no sería extraño que algunos, más temprano que tarde, por fin se percaten que en la descentralización política está la llave maestra para salir del atolladero, aunque eso implique transitar hacia una democracia diferente.

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 31 de octubre de 2021